América Latina y el Caribe han consolidado su posición como una región clave para la inversión turística, atrayendo flujos significativos de capital extranjero en los últimos años. En 2023, la región captó USD 193.179 millones en inversión extranjera directa (IED), una cifra que, aunque ligeramente inferior al récord de 2022, subrayó su resiliencia frente a un entorno global marcado por incertidumbres económicas y geopolíticas. El Caribe y América Central mostraron avances destacados, superando niveles pre pandémicos en ingresos y llegadas internacionales, mientras que América del Sur registró un crecimiento de 28% en ingresos turísticos frente al año anterior. Estos resultados reforzaron la contribución del sector al producto interior bruto (PIB) regional, que alcanzó USD 426 mil millones,4 consolidando al turismo como motor económico esencial. Globalmente, existen ejemplos que han logrado combinar sostenibilidad e incentivos estratégicos, ofreciendo valiosas lecciones para replicar en América Latina y el Caribe. En un mercado turístico cada vez más competitivo, la región cuenta con el potencial de traducir estas experiencias en una mayor capacidad para atraer inversiones que fortalezcan tanto su economía como el bienestar de las comunidades locales. En este contexto, la diversificación hacia proyectos sostenibles y digitalizados se presenta como una de las vías más prometedoras para maximizar el impacto de las inversiones. Además, garantizar que mujeres, jóvenes y otras comunidades locales participen activamente en este desarrollo no solo amplifica los beneficios económicos, sino que también refuerza la cohesión social. Estos elementos son particularmente relevantes en un entorno global donde retos como el cambio climático y las tensiones geopolíticas exigen enfoques innovadores y resilientes. Con estrategias que prioricen la sostenibilidad y fomenten la cooperación público-privada, América Latina y el Caribe tienen el potencial de consolidarse como líderes globales en turismo responsable. Este enfoque permitirá no solo reforzar su competitividad internacional, sino también garantizar beneficios duraderos que impulsen el desarrollo inclusivo y la protección de los ecosistemas únicos de la región.