El turismo, como ningún otro sector económico, se ha convertido en una apuesta regional desde que en la Declaración de Montelimar los gobiernos centroamericanos se comprometieran a lograr la integración turística regional, que permita unir nuestros recursos, voluntades y esfuerzos, a fin de proyectar ante el mundo la imagen y ventajas de ofrecer un destino turístico regional único. Bajo esta declaración, se definieron los roles públicos y privados para impulsar el turismo. Al Estado le correspondía crear la institucionalidad y las condiciones básicas para garantizar la inversión nacional o extranjera; en tanto, el sector privado se convertía en el actor al que se enfocaba la promoción, la facilitación, legislación e incentivos a la inversión. Lo anterior suponía consolidar la cooperación con el sector privado, clave para impulsar el desarrollo del turismo de cara al siglo XXI.